Los que son, los que están y todos los demás
Es difícil sustraerse a todo lo
acontecido, y lo que te rondaré morena, con las alecciones a GM de la GLE. Es
difícil, cuando no se pertenece más que al bando único de la GLE, ser tolerante
con ciertas actitudes, ni siquiera con las justificadas o justificables, de los
partidarios de los candidatos más convertidos en forofos, en hinchas, en
militantes, todas ellas palabras que definen actitudes poco masónicas, que en
divulgadores de mensajes positivos.
Es difícil imaginarse como
algunas personas, HH. de momento, van a lograr pasar la página de una actitud
inadecuada y recuperar su piel masónica, porque cuando se han mostrado ciertos
comportamientos la actitud masónica no puede ser otra cosa que una piel sin contenido.
Incluso los candidatos quedan
afectados por lo sucedido, señalados, aunque sea de forma tangencial, por no
salir a desautorizar al excedido de turno y poder mostrar no solo su falta de
acuerdo con lo expuesto si no su inocencia respecto al planteamiento
desafortunado. Aunque esto no ha
sucedido. Todos han guardado silencio, todos han mirado hacia otro lado.
Capítulo aparte, pero no menos
lamentable, merecen aquellos que sin ser parte, ni tener arte, en el proceso se
han lanzado a las redes y a los medios de comunicación a verter cuitas
personales en forma de opinión, sesgada la mayor parte de las veces, y
desinformación en formatos tan poco fraternales que uno piensa que tiran de
compás excéntrico para construir. Posiblemente sean discípulos de Numerobis,
aquel peculiar arquitecto de Cleopatra que ignoraba la línea recta y el círculo
cerrado, según nos cuenta Asterix.
Pero con ser todo lo
anteriormente expuesto preocupante, hay lecturas mucho más preocupantes. Dicen
nuestras lecturas que todo lo que es arriba es abajo, y aplicando este axioma a
la masonería no podemos evitar pensar que lo sucedido en estas elecciones
tampoco es muy distinto a lo que sucede en las logias que integran la GLE. No,
la GLE no, todas las logias de todas las Obediencias que en este país nuestro
intentan un mínimo de rigor en su trabajo. Luego hay otras que como aprisco con propietario no tienen por qué
pasar por este proceso, ni por estos sinsabores.
¿Acaso podemos pensar que
aquellos que se han significado por sus modos incorrectos han reservado estos
para este evento pero tienen otros diferentes en sus logias? Permitidme QQ HH
que lo dude. Que lo dude con cierta certeza. No creo que nadie pueda mantener
dos caras diferentes si una de ellas ofrece un mal semblante.
Es cierto que en nuestras logias
se está viviendo un debate desde hace un tiempo para aquí. Una debate que
algunas ya han conseguido resolver pero en el que otras aún están inmersas.
Nuestras logias, como seres vivos
que son, buscan la masonería que mejor se acomode a los tiempos que corren,
buscan esa masonería del siglo XXI que permita a los jóvenes actuales y futuros
acercarse a nuestras columnas con la ilusión de encontrar lo que en la sociedad
es cada vez más una carencia y no salir rebotados, resabiados y desilusionados
de lo que han encontrado, cosa que actualmente sucede con excesiva frecuencia.
Hay una corriente que admira,
como no, el rigor y la solemnidad de los fundadores, la pureza del rito llevada
como guía fundamental que nos permita perseverar y practicar la masonería de
nuestros mayores y legarla a nuestros sucesores. Esa identidad secular que la
masonería debe de preservar más allá de las modas y ansiedades de la sociedad
del momento. Pero a mí me surge la duda de si en esa búsqueda podemos ignorar las
peculiaridades, las idiosincrasias propias de cada lugar. Si, el rito es el
rito, en cualquier lugar, pero el ritmo con el que se desarrolla es diferente,
no ya en cada país, en cada logia. Tal vez los latinos no seamos capaces de ser
tan solemnes, tan rigurosos, tan exactos, pero si seamos capaces de aportar un
toque de profundidad diferente, peculiar, propio.
Hay otra forma de ver la
masonería, siempre hay otra forma de ver la masonería. Una forma en la que los
velos tras lo que nos hemos ocultado durante años huyendo de una sociedad
adoctrinada contra nosotros deben de empezar a dejar pasar la luz del
conocimiento, y del reconocimiento. Una forma más expuesta, en todos los
sentidos, ya que no solo nos expone a la vista cotidiana de nuestros conciudadanos,
si no que a veces olvida que aún quedan círculos en los que las razones y la
razón no son una práctica habitual respecto a algunos temas, y la masonería es
uno de ellos. Una forma más leve, más habitual, más en el centro de la
vorágine, que sin ser una mala idea a veces provoca el exceso irreflexivo.
Para mí una logia es un sistema
de vasos comunicantes que tienden a equilibrar tres fluidos diferentes: el
rito, el sentimiento y el conocimiento. Cada H trae y aporta a su logia su
peculiar y personal sistema que al integrarse varía el carácter y equilibrio
existente hasta ese momento, recibiendo como retribución el diferente
equilibrio que la logia tiene. Recibirá más de lo que menos tenga y aportará
más a aquello en lo que la logia tenga mayor carencia. ¿Existe el equilibrio
perfecto? No, existe la composición característica de cada logia, ese algo
especial que hace que cada logia sea una experiencia única y diferente más allá
del rito y su interpretación. Y como lo que es arriba es abajo, exactamente lo
mismo considero que sucede con las logias y la GL.
Hay una tercera masonería, una
masonería que desgraciadamente no lo es pero que convive desde dentro con la
nuestra. La masonería de los fantoches, los soberbios, los buscadores de
mandil, los buscadores de prebendas y realce, los buscadores de medraje. Los
que confunden ser importante y ser útil, los que necesitan del aplauso para
pensar que han logrado algo. Esos que desde su inoperancia confunden la
tradición con un inmovilismo gripado y a los que desgraciadamente no ponemos en
su sitio, el mundo profano, por el empeño, o la falta de rigor, que nos lleva a
confundir el buenismo con la fraternidad, la equidistancia con la ecuanimidad,
la presencia con el compromiso, la permisividad con la tolerancia, el adoctrinamiento
con la formación y que en su desatino utilizan la llana para tapar aristas que
necesitan del cincel porque la piedra está tan burdamente trabajada que deja la
construcción inevitablemente inestable, porque prefieren ignorar que intentar
pasar la llana donde existe un defecto grave en la piedra solo puede provocar
el derrumbe, antes o después, de una construcción mal resuelta. Maestros que
desde que alcanzaron tal grado no han sido capaces de aportar a su logia ni un
solo trabajo, que lo último masónico que hicieron fue ponerse el mandil, que
laceran con su actitud a la logia y son un cáncer que desilusiona y hace
abandonar a piedras realmente valiosas que huyen buscando algo más coherente
entre lo que se dice que se quiere lograr y lo que finalmente se ofrece.
Y al final ¿Qué masonería es la
que queremos? Cada uno tendremos nuestro concepto de la que más se acomoda a
nuestra forma de ser. Cada uno tendremos una idea concreta de lo que
consideramos que hay que mejorar y de lo que habría que erradicar. Cada uno
sabemos con certeza que medidas habría que tomar y en qué dirección. Cada uno,
y eso es lo que tenemos que trabajar, construiría una GL perfectamente
acomodada a sus gustos personales. Cada uno. Pero la masonería tiene una
vocación universal. No existe la masonería de cada uno, no existe la masonería
según Pepe o Juan por más que Pepe y Juan tengan su particular visión. Debe de
existir la masonería, esa que nos englobe a todos en una fraternidad. Y digo a
todos siendo perfectamente consciente de que ese todos nunca será absolutamente
todos. De que la belleza es el escalón más cercano a la perfección que el
hombre es capaz de alcanzar. De que muchísimos, sin ser absolutamente todos, es
nuestra máxima aspiración. Y esto está en consonancia con la primera obligación
de la masonería, hacer masones.
Lo único que tengo claro, después
de todo lo vivido, es que, como en todo grupo social, ni están todos los que
son, ni son todos los que están. Posiblemente sea inevitable. Pero lo que no es
inevitable, lo que no debe de volver a suceder, es que los que están se
comporten como los que no son y expulsen con su ejemplo a los que son que
quieren seguir estando y cierren el camino a los que quieran y sepan ser aunque
aún no sean. No sé si me entiende.
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