De masones, judíos y cucarachas
Una de las primeras, y más sistemáticas, obligaciones de un iniciado es hacer un balance sincero de sus trabajos pendientes. Y si la cumple con rigor, con afán de verdad, con honestidad, puede que llegue a darse cuenta de que muchos de los fallos que aprecia en los demás tienen su origen en él mismo. Y empiezo haciendo esta puntualización después de reflexionar sobre algunas voces que alertan de un repunte de la masofobia en la sociedad y de asistir a un debate en redes de esos que le dejan a uno un regustillo amargo. Se supone que la masonería tiene una vocación universalista que se plasma en la búsqueda de una sociedad mejor mediante la evolución ética de sus miembros. Y digo se supone porque del dicho al hecho hay un buen trecho. Un trecho imposible de recorrer si en vez de actuar lo habitual es quedarse en las palabras. No sé por qué será pero cada vez estoy más convencido que todo aquello cuya base es la invocación universal, a nada que hurgues, desprende un tufillo eli...