Ataques a la GLE

Tengo una amiga que, con la excusa de la sinceridad, esa que nadie le pide, suele caer con cierta frecuencia en la grosería y en la mala educación. Acabo de comprobar, con bastante repugnancia, que esa actitud no es exclusiva de mi amiga. Es más, que el uso perverso de las redes sociales logra que esa mala educación, esa intolerable grosería, se traslade del ámbito privado al ámbito público, de lo doméstico a la intromisión en casa ajena.
Es conocida por casi todos, y reconocida por muchos, la inquina que ciertos personajes destilan contra cualquier cosa que tenga que ver con la GLE en general y con su MRGM Oscar de Alfonso en particular. En el mandil llevan la mancha. A mí, personalmente aquellos más preocupados de la piedra ajena que de la propia siempre me han parecido falsos. Falsos como personas y aún más falsos como masones. Esa capacidad que los retrata de dar y quitar títulos de masón auténtico me produce la sensación de que el que ellos dicen ostentar se lo han otorgado ellos mismos. Algo así como el Master de Cifuentes pero sin necesidad de universidades ni prebendas.
¿Y a mí quién me ha dado vela en este entierro? Quienes han venido a faltarme al respeto, a mancharme con su falta de actitud masónica en mi propia casa y sin que yo les haya pedido su opinión. A aquellos que con la excusa, endeble excusa, de hacer un servicio a la masonería universal, se lanzan a utilizar sus herramientas en piedras que ni les corresponden como operarios ni siquiera pertenecen a un edificio en el que ellos trabajen.
Ah, ya, que la masonería es universal. Sí, efectivamente, la masonería es universal, pero no son masónicas ni las palabras ni las actitudes, de estos señores, aunque sí son universales sus injerencias.
No soy más que un M.M. de base. No tengo ningún mandil de rango ni me  muevo en los círculos de representación, pero no estoy dispuesto a callarme y tragar cuando se me alude de forma inconveniente, faltona, poco masónica, señalando a una institución a la que pertenezco y a su representante máximo. Cuando ciertos autodenominados masones sacan sistemáticamente sus obsesiones a pasear desde un pedestal de verdad y docencia que solo ellos, y algunos afines, se reconocen.
Este escrito no pretende ser, no es, una defensa de Oscar de Alfonso Ortega. No. Lo primero porque supongo al señor de Alfonso sobradamente capacitado, dada su profesión y preparación, para defenderse por sí mismo, y segundo, porque no siempre estoy de acuerdo con sus actitudes y palabras, como me pasa respecto a cualquier otro H. de mi logia o de mi Orden.
Pero cuando se alude a la GLE como institución, o a su MRGM como representante de la misma, se me está señalando a mi directamente, y yo, humilde y casi anónimo masón, estoy hasta las narices de leer en redes publicaciones en las que se me alude por interpuesto y que no parecen tener otro fin que el autobombo y la proclamación de conocedor excelso y único de la esencia masónica, la señalación de la GLE como nido inmundo de homófobos, beatos y sumisos, o la divulgación de la verdad única y verdadera de lo que es ser masón y la adoración a los poseedores de ese exquisito conocimiento que tantos buscamos desde hace tiempo.
Mi reconocimiento a tal logro, pero, por favor, déjenme que yo llegue por mis propios medios a alcanzar el objetivo de mi pertenencia. No me estropeen la sorpresa con su superior sabiduría. Me gusta trabajar y alcanzar mis propios logros y  odio a los patosos que me intentan contar el final de la película antes de que yo la vea.
Suele aludirse en estos escritos que han provocado el mío, a HH. de la GLE que se confiesan en privado con los autores en su preocupación por la deriva de la GLE y por las intolerables actuaciones públicas de su MRGM. En el caso de estas personas solo me cabe una duda, o no existen y son una falacia para intentar justificar una intervención que ni se ha pedido ni hay por qué tolerar, o son unos cobardes incapaces de defender, como corresponde a cualquier masón, sus criterios en los foros que corresponde.
El MRGM de la GLE Oscar de Alfonso, ha sido elegido por nosotros hace apenan un par de meses y es, por tanto, nuestro representante durante los próximos años. Algunos le habrán votado, otros no, a todos nos corresponde cerrar filas con él ante ataques externos y gratuitos y  a todos, por supuesto, nos corresponde exigirle, pero en los foros adecuados y en los momentos oportunos, una conducta con la que todos y cada uno de sus representados podamos sentirnos cómodos, cosa que no siempre ha logrado.
Hay cosas en la vida de mi MRH. Oscar que no son de mi incumbencia, todas aquellas personales y profesionales que nada tienen que ver, aunque el límite es muy delgado, con la masonería. Incluso diría que sus masónicas opiniones y actitudes como un M.M. más de la GLE tampoco tienen por qué afectarme de forma diferente a como me afectan las de cualquier otro Q.H., pero si me siento concernido e involucrado en aquellas que publica como mi representante. Tal vez por ello, y con mi mejor voluntad y criterio, le rogaría al MRGM que abra un perfil de su oficio en el que separe sus intervenciones como tal y podamos todos separarlas de aquellas que hace como persona o como M.M. de su logia.
Quiero acabar estas palabras con un ruego a los predicadores de su verdad, preocúpense un poco más de su piedra, porque bastante tenemos cada uno con la que nos ha tocado. Esa manía permanente, pertinaz, cansina, de meter sus herramientas donde nadie las ha llamado, solo retrata una obsesión que puede parecer hasta enfermiza.

Un TAF para todos aquellos verdaderos HH., sean de la orden que sean.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La mala construcción (III), los planos

La unanimidad y el amiguismo

La mala construcción (I), las herramientas.