Sectas y masonería
Hay preguntas recurrentes cuando
se habla de masonería, preguntas que no por sobradamente contestadas dejan de
producirse cuando algún profano se asoma a algún coloquio o conferencia sobre
el tema masónico.
Son cuatro y contienen los
pilares de la leyenda negra que envuelve a la masonería: ¿La masonería es una
religión puesto que habla de un dios llamado GADU? ¿Cuál es la ideología
política de la masonería? ¿Por qué la masonería no admite a las mujeres? Y,
finalmente, ¿La masonería es una secta?
Esta reflexión intenta
profundizar en la última pregunta. Sobre la simplicidad no compartida de su
respuesta habitual: No, no es una secta porque es más fácil salir que poder entrar.
Posiblemente el argumento es bueno tal como se plantea la pregunta y visto
desde dentro. Indudablemente la respuesta es correcta. Rotunda y correcta. Tal
vez tengamos que aclarar que no toda organización, asociación, que contiene la
palabra masón es masónica. Tal vez conviene aclarar que a lo largo del mundo y
con la excusa de la masonería hay cientos, tal vez miles, de sectas, logias
salvajes y otro tipo de actividades semimágicas que aglutinan a personas que se
dicen masones sin respetar los ritos, los objetivos y los métodos de la
verdadera masonería.
¿Y cómo evitar esas trampas si
alguien quiere entrar en la masonería? Primero con el sentido común y sobre
todo integrándose en logias de las grandes obediencias que por el mundo están
presentes. Suelen ser estas grandes obediencias, sus estructuras
administrativas, las que cuidan por el rigor y calidad del funcionamiento de
sus logias.
Pero seguimos siendo simplistas y
poco rigurosos con el tema de las sectas. Incluso son poco rigurosas esas
estructuras administrativas en la vigilancia del tema sectario en sus filas.
Basta con que cambiemos la pregunta para que la respuesta ya no sea tan
sencilla, tan rotunda.
¿Pueden formarse sectas dentro de
la masonería? De primera intención la respuesta puede ser la misma. No, la
masonería es, por su método, por su fin, por su forma de hacer, absolutamente
contraria a cualquier tipo de sectarismo. Los masones quieren ser libres en su
pensamiento, independientes en sus análisis, profundos en sus planteamientos.
Todo lo contrario del sectario cuyo pensamiento está cautivo, su análisis
sesgado para justificar su pensamiento y sus planteamientos solo conocen el
camino del líder. La masonería no tiene un líder único y permanente, la secta
sí. Claro, meridiano, de primera intención
Pero si replanteamos esa pregunta
de forma más cuidadosa, con mayor intención. ¿Pueden darse conductas sectarias
dentro de la masonería? Ahora la respuesta ya no puede ser tan rotunda.
Los masones, forman un colectivo
representativo de la sociedad a la que pertenecen. Tal vez intelectualmente
elitista, pero con todas las pasiones y todas las virtudes intactas.
Es verdad que dispone del filtro
de la aplomación, pero también es cierto que ese filtro es excesivamente
permeable. El candidato, en fase de galanteo, solo va a mostrar la parte de sí
mismo que más le convenga o que crea que
encaja mejor con la entrevista, y el aplomador solo dispone de un par de horas,
promedio, para intentar atisbar en la parte negativa del candidato, aquello que
no se muestra y puede ser inadecuado para la masonería.
Ningún candidato en una
entrevista reconoce que entra en la masonería con fines comerciales, y los hay,
o porque es un líder innato, o un salvador, poseedor de una verdad
incuestionable, que también los hay. La soberbia y el medraje son dos actitudes
terriblemente dañinas para el funcionamiento de las logias que habitualmente
son indetectables en las aplomaciones.
Luego viene el tiempo de la
formación y ahí sí deberían detectarse los problemas, pero empiezan a surgir
algunas actitudes que confunden erróneamente la permisividad con la
fraternidad, el amiguismo y el buenismo con la tolerancia, la equidistancia con
la equidad, y gracias a eso, y en nombre de una falsa masonería, de una masonería
mal entendida, el medrador escala grados y oficios sin que nadie le ponga coto
a su soberbia o a su ambición. Actitudes que deben de ser detectadas por el
formador y además invalidan al candidato para pasar de grado. La visión
administrativo temporal, contraria al criterio de mérito, que se sigue en
muchas logias para otorgar ese reconocimiento es, en muchos casos, la culpable.
Eso sin contar que son
precisamente aprendices y compañeros, en fase de formación y sin capacidad para
discernir entre lo masónico y lo sectario, los más expuestos para una captación
disimulada de enseñanza. Su entusiasmo, su entrega a una nueva forma de mirar,
su ánimo abierto y confiado, los convierte en las víctimas perfectas de unos
posibles depredadores revestidos dela autoridad del formador experto. Solo, y
es fundamental, la competencia global de la logia en esa formación puede evitar
ese riesgo.
Es en esos casos brevemente
apuntados cuando se puede generar una suerte de conducta sectaria dentro de la
masonería, un clientelismo económico, sentimental o psicológico que emponzoñe
la vida de la logia. Y este clientelismo, para mí una forma de sectarismo, es
muy difícil de detectar y aún más difícil de erradicar, ya que son los mismos
clientes los que en su incapacidad de reconocer el problema impiden su solución
e incluso luchan denodadamente por su preservación como realidad y norma
incuestionables.
¿Y las estructuras
administrativas? Pues, como conceptualmente se suponen, lentas, impregnadas de
los mismos problemas que las logias y finalmente poco eficaces. Incluso identificado
el problema y sus causantes sus remedios suelen llegar tarde e incompletos.
Tarde porque cuando llegan a actuar el germen está plantado e incompletos
porque aunque descabecen el problema no lo erradican.
Basta un poco de visión analítica
para reconocer “logias de autor”, o con propietario. Para identificar a personas que han montado una trama económica
con la excusa de dar formación complementaria o de ayuda psicológica a los que
puedan necesitarla, todos aquellos que sean incapaces de negarse. También logias
en las que el criterio de una persona que se erige en líder, amparado en usos y
costumbres, es la única referencia válida para poder progresar dentro de ella.
Desgraciadamente existen y suelen producir efectos devastadores hasta que
consiguen detectarse y ponerles fin.
Avisar sobre sus efectos a los
que no lo han conocido suele interpretarse como una actitud negativa o como
falta de fraternidad con lo que el denunciante suele encontrarse solo y tratado
como sospechoso, cuando no como apestado.
Si, definitivamente pueden
existir comportamientos sectarios dentro de la masonería, aunque de hecho sean
ajenos a ella, y es el deber de todo masón que intente serlo enfrentarlos,
denunciarlos y trabajar por erradicarlos.
Claro que, como soy masón, mis palabras
y mis criterios están sujetos a debate y a rebate, ya que no está en mi
intención construir la secta de los anti sectarios.
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